Días difíciles
El newsletter que analiza la convulsa política ecuatoriana
Las últimas semanas han sido una sucesión de días difíciles para Ecuador.
Hemos tenido que presenciar mucha violencia. Demasiada para un país acostumbrado a vivir en una relativa calma.
La semana pasada ocurrió uno de los peores eventos a los que hemos tenido que asistir — como ciudadanos—, o reportar —como periodistas—: la toma violenta de TC Televisión por parte de un grupo armado.
Yo estaba grabando el programa Los Irreverentes —que se transmite de lunes a viernes a las nueve de la noche por RTU— con mis compañeros Fabricio Vela y José Luis Cañizares cuando la jefa de piso nos hizo parar abruptamente la grabación para enlazarnos con la señala de TC Televisión.
Lo que vimos —y tuvimos que transmitir ininterrumpidamente por seis horas— fue el horror: en un set similar a aquel en el que mis compañeros y yo estábamos en ese momento, habían entrado varios hombres encapuchados y armados y estaban amenazando y sometiendo periodistas.
Es inevitable sentirse identificado con los colegas que en ese momento estaban enfrentando una situación sin precedentes. Fue inevitable también pensar en Paúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra —fotógrafo, periodista y conductor de diario El Comercio, respectivamente— secuestrados y asesinados en 2018.
Alina Manrique, una de las periodistas sometidas ese día en las instalaciones de TC, nos contó después su experiencia, lo que pensó en ese momento y cómo para ella también fue inevitable evocar a Javier, Paúl y Efraín.

La herida de su secuestro y asesinato sigue ahí. Cómo podría cicatrizar si es que durante todos estos años no ha podido haber justicia y mucho menos reparación. Sus seres queridos no se han cansado de exigir ambas cosas pero sus voces han sido insuficientes ante la inacción del Estado.
¿Cómo, los periodistas, pueden ejercer su trabajo en un contexto mucho peor que el de 2018, cuando sus colegas y amigos perdieron la vida, tras ese crimen execrable, y su muerte ha quedado impune?
Que el periodismo se haya convertido en un oficio de alto riesgo es un indicador más del contexto de violencia en el que vivimos en Ecuador.
Claro, no es el único. Los médicos en zonas rurales son extorsionados y amenazados. En algunas de las ciudades con los más altos índices de violencia, pasa algo similar con maestros de escuelas y docentes universitarios.
Parece que nadie está a salvo.
En medio de ese escenario, es relativamente fácil que un gobierno, el que fuere, justifique una “guerra”.
Y una guerra, como bien dijo el Presidente de la República, cuesta mucho dinero. Y en una guerra se pierden muchas vidas.
Pensar en el futuro resulta entonces bastante desalentador: ¿qué les puede esperar a los ciudadanos de un país que inicia una guerra que ya ha fracasado demasiadas veces en otros países?
En Estados Unidos se inició un juicio en contra de dos ex agentes de la DEA (Agencia de Control de Drogas, por sus siglas en inglés) que habrían estado coludidos para entregar información de sus propios compañeros a las bandas del crimen organizado en México.
La historia parece una película pero es real.
El asunto es que el problema del narcotráfico no es un problema exclusivo del Ecuador. Creo que ya ni siquiera de la región. Es un problema transnacional.
En 2022, Primicias publicó un reportaje que cuenta que en mayo de 2019 encontraron 400 kilos de cocaína en un contenedor de frutas de la empresa holandesa de importación de frutas y verduras De Groot Fresh Group. El contenedor llegaba a Holanda desde el puerto de Guayaquil.
El propietario de la compañía, William De Groot, llamó a la Policía holandesa, la droga fue incautada y luego, De Groot recibió un mensaje a su celular: "Estimado William, le hacemos saber que lo hacemos personalmente responsable por la pérdida de nuestro negocio. En adelante se le impondrá una multa de 1,2 millones de euros"
Primicias recoge: “Desde entonces, los narcotraficantes han quemado y baleado casas de empleados de la empresa, han colocado granadas de mano en las viviendas de los hijos del dueño. Incluso han usado explosivos para amedrentar a quienes tenían relación con De Groot Fresh Group, que opera desde el puerto holandés de Hedel.”
Esto pasó en Holanda, uno de los países con los mejores índices de calidad de vida, con instituciones sólidas y oportunidades para sus ciudadanos.
Si los tentáculos del crimen organizado llegan hasta un país como Holanda, hay que empezar a pensar en una perspectiva distinta para abordar un problema que deja una estela de sangre, sobre todo, en donde asienta sus negocios.
Los muertos no los puede seguir poniendo América Latina. Y los ciudadanos tenemos la obligación de ser vigilantes ante las decisiones que toma el gobierno y no caer en la simpleza de un discurso prefabricado que pretende que todos nos sumemos a una guerra en la que los muertos son civiles, ciudadanos de a pie.
El apoyo al Estado es necesario, claro, pero eso no significa que como ciudadanos seamos ciegos o apáticos, o, peor aún, que perdamos la agudeza y el sentido crítico. Todo Estado, aún en guerra, requiere de una ciudadanía capaz de cuestionar, increpar y hacer preguntas incómodas.

Espero que los próximos días sean menos difíciles para el país y que podamos seguir pensando en un futuro de paz.
Y yo sé que en estos momentos es difícil abstraerse de esta realidad tan dura que hemos vivido en las últimas semanas pero hay que intentar buscar un poco de luz en medio de las grietas.
Gracias por leerme.
Que tengas una gran semana.


Excelente análisis Ma Sol, detallas claramente la seie de sucesos en Tc, con la retrospectiva de lo sucedido a los periodistas de El Comercio, como "génesis" de esta crisis que derivó en la declaratoria de "guerra" por parte del Presidente Noboa, un muy valioso aporte periodístico, felicitaciones